Un'America arrabbiata

Capire l'omicidio di George Floyd e la rabbia in America

Sigue el texto, traducido en español por el dr. Carlo Bray, del articulo publicado en la revista Sistema penale.

1. Mi amigo Gian Luigi Gatta me ha pedido que escriba unas palabras para explicar lo que está pasando en los Estados Unidos. Este es mi consejo para mis amigos y colegas italianos: tengan cuidado con cualquiera que diga que puede explicar cualquier cosa sobre los Estados Unidos en este momento, y mucho menos en pocas palabras. Todo esto es nuevo para nosotros. No hemos vivido nunca una pandemia como esta, ni siquiera hemos vivido una dislocación económica como esta. Sobre todo no hemos tenido nunca un Presidente como este. Las únicas ocasiones que fueron remotamente similares no tuvieron lugar cuando los Estados Unidos estaban divididos por hiperpartidismo y por una desigualdad sin precedentes. Por encima de todo, se cierne este ineludible dato demográfico: Estados Unidos pronto se convertirán - por primera vez - en un país de minoría mayoritaria. En verdad, nadie sabe cómo serán Estados Unidos dentro de diez meses, y aún menos dentro de diez años.

Habiendo dicho todo esto, creo que puedo darle algunos datos de fondo para ayudarle a entender el caos que nos ha envuelto. Si hubiera una palabra que captara mejor el sentimiento dominante en los Estados Unidos en este momento, sería "ira". Nunca he visto a tanta gente en mi vida en los Estados Unidos sentir tanta rabia por tantas cosas. Parte del caos, por supuesto, viene del hecho de que la gente está enfadada por cosas muy diferentes. Peor aún, lo que un grupo considera una amenaza existencial, otro lo considera su única salvación, lo que significa que la discusión, por no decir el compromiso, es simplemente imposible. Para entender Estados Unidos en este momento, piense a cuando estaba más furioso que en cualquier otro momento de su vida, e imagínese ser así todo el tiempo.

 

2. La ira no comenzó en 2016, pero lo que sucedió a partir de entonces la hizo considerablemente más fuerte. Decenas de millones de personas están furiosas con el Presidente. Por lo que aparece, es un mentiroso patológico que sólo se preocupa por sí mismo y su riqueza. Es un cabeza dura, insensible, busca adulación desesperadamente, y es monstruosamente inseguro. Ha hecho más él para dividir al país, degradar la conversación e inflamar las tensiones, que cualquier otro funcionario público en la historia de los EE.UU. Ha debilitado instituciones nacionales e internacionales clave y ha politizado el estado de derecho. Millones de personas en los Estados Unidos no pueden pensar en él sin parecer visiblemente alterados. Por otro lado, decenas de millones de personas lo veneran. Lo adoran con una adulación que sólo puede ser descrita como religiosa. No pueden comprender un mundo sin él como su líder, y se enfurecen ante la perspectiva de su destitución.

La ira que afecta a la figura del Presidente es un espía de la ira sobre el sentido de Estados Unidos de hoy. Una de las muchas cosas que me encantan de Italia (y no puedo decirles cuánto preferiría estar allí que aquí) es que los italianos no parecen obsesionados por la idea de una identidad italiana. Los americanos, en cambio, hablan todo el tiempo de lo que imaginan que es nuestra identidad distintiva. No pasa un día sin que alguien diga que un tal comportamiento "no refleja la identidad de este país", o que revela lo mejor o lo peor de "lo que somos como país y como pueblo". A la gente le apasiona la idea de una América verdadera, de una identidad única y genuina. Pero como nadie puede ponerse de acuerdo en lo que es esa identidad, el mismo comportamiento el mismo comportamiento puede respetar o pisotear lo que significa ser americano. El Presidente puede traicionar todo aquello con lo que el país se identifica (democracia, igualdad, estado de derecho, servicio público desinteresado) o encarnarlo (superioridad blanca, cristianismo, fuerza, acumulación desvergonzada de riquezas). Cuando la gente dice que odia o ama al Presidente, realmente están diciendo que él mancha o simboliza su idea de América.

 

3. De vez en cuando, ocurre un acontecimiento que cristaliza perfectamente el odio que divide a Estados Unidos, y el asesinato de George Floyd en Minneapolis fue una de esas ocasiones. El asesinato de Floyd no fue simplemente un solo hombre negro asesinado en una sola tarde de verano por un solo policía blanco. Para millones de personas, captó perfectamente las muchas formas en que el país ha traicionado su promesa, especialmente a las personas de color de bajos ingresos: su promesa de ser una tierra de oportunidades; de igualdad; de justicia imparcial. Los levantamientos que se están produciendo en todo el país no fueron simplemente un grito contra un solo acto de brutalidad policial, sino contra un sistema político y económico que ha hincado metafóricamente la rodilla en el cuello de la gente pobre de color durante siglos.

Y eso es lo que ha hecho que la respuesta del Presidente sea tan incendiaria. Como es su costumbre, ha avivado las llamas de la división y el odio racial, culminando recientemente en un descarado llamamiento a sus principales partidarios. Me refiero, por supuesto, a la protesta pacífica en el Distrito de Columbia que fue dispersada por la fuerza por los escuadrones de disturbios armados con el fin de despejar el camino para que el Presidente pudiera caminar a una iglesia y posar para una foto con una Biblia en la mano. Podría haber conducido y evitado la protesta. Podría haber posado con una Biblia en la Casa Blanca. Pero él quería caminar, y quería ser fotografiado en una iglesia. Así que los manifestantes pacíficos que se reunían legalmente para expresar su indignación fueron violentamente atacados por oficiales armados para que el Presidente pudiera tomarse una foto. Por un lado tenemos una democracia en acción y el poder de los individuos para obligar al cambio; por otro lado tenemos la fuerza bruta al servicio del poder político aliado con el cristianismo.

 

4.  Estados Unidos están en una situación desesperada. Han estado enfadados durante años - desde el 11-S, por lo menos - y la situación sigue empeorando. Cada nuevo desarrollo parece llevarnos más profundamente a un oscuro abismo. Todo el mundo exige un cambio, pero su camino hacia adelante es lo que otros ven como un suicidio. Todos sienten que sus espaldas han sido empujadas a la pared, y no pueden dar otro paso. No sé cómo terminará todo esto. Sólo sé que seguiré escribiendo, enseñando y litigando con la fina esperanza de que podamos salir de la oscuridad hacia un mundo justo. Y haré frecuentes viajes a Italia, porque no puedo imaginar un mundo sin ella.